viernes, 24 de agosto de 2012

Breve guía para los 30 años.




Hay momentos en la vida en los que me hubiera gustado que me pasase como al nuevo Ministro de Magia en los libros de Harry Potter. Justo al ser nombrado, el hombre llega a su nuevo despacho y antes de sentarse se le aparece el Guía Sabio de los Ministros de Magia. Le pone al día en cuestiones urgentes y le cuenta varios secretos, algunos un verdadero marrón, que le ayudarán en su mandato. Le dice además que si se ve muy apurado que le convoque, que le irá asesorando del tema.

Pues bien, hacer treinta años es uno de esos momentos donde estaría bien que te regalasen esta mini-guía, para ahorrarte sorpresas y tomar consciencia antes de que sea demasiado tarde.

Puntos a tener en cuenta:

1.- Tu cumpleaños. Cumplir 30 es una fecha que marca, así que prepara algo a tu estilo porque te acordarás de ese día y con quién estabas igual que te acuerdas del 11-S. Y sonríe, mucho, 30 sólo se hacen una vez, la siguiente serán 31, y la otra 32 y luego 33. Eres joven, aún.

2.- Tu salud física. Entras en una etapa donde las resacas se convertirán en dolores dignos de ir a urgencias.
La espalda no perdonará ni una sesión más marationana de series y te vendrá a ver antes o después la ciática, que es cuando se pinza el nervio ciático, a la altura de la cadera, y te han de pinchar voltarén y atiborrarte a myolastán.

Si aún cenas patatas chips y cervezas o comes chuches en los cines empezarás a notar un dolor agudo en el estómago y a observar una lengua blanquecina. Efectivamente, ya no toleras las guarradas igual. El dolor de estómago es signo inequívoco de envejecimiento.

3.- El tabaco. De repente tu entorno deja de fumar. ¿Qué les pasa? ¿Es una moda? ¿Van mal de pasta? No. Se llama madurez e instinto de supervivencia. A partir de los 30 fumar en las mujeres es una barbaridad. Puede ser que no te pase nada y puede ser, mucho más probable, que desarrolles un cáncer y no llegues a los 40. Aparte de los dientes amarillos, carcomidos y el aliento a cenicero.

3.b.- Las drogas. Por favor, ya. Es patético ver a una mujer hecha y derecha drogada. Ya está, ya lo has hecho. Además ahora necesitas más un vestido en condiciones que pagar 50€ por un nespresso en línea.

4.- Tu rostro. ¿Has oído hablar de las manchas faciales? ¿No? Pues en la próxima comida familiar excruta a tu madre/tías y abuelas. ¿Ves esas  manchas marrones? Son como muchas pecas juntas. Hasta ahora para ti eran impercetibles, pero te aseguro que si te salen a ti te las vas a ver como si tuvieses un alien pegado a la cara. Solución: NUNCA MÁS tomar el sol a las horas cancerígenas y sin protección 50.

5.- Los complejos. Me veo los brazos gordos, he engordado en la barriga, me ha salido un poco de celulitis, tengo venitas marcadas, se me ven ojeras, blablablabla… es el momento de que te pongas en la cabeza que todo esto va a ir a más, mucho más si no te pones las pilas, lo que es lo mismo a no beber alcohol a destajo, no fumar, comer bien y a las horas, dormir 8horas y hacer ejercicio. Ahora estás super buena, creéme, pero espera a los 35.

6.- Lo bueno (que también lo tiene): el trabajo. A partir de los 30 y casi sin darte cuenta has acumulado unos años de experiencia laboral en todos los sentidos. Ya has perdido trabajos, hecho un montón de entrevistas, tenido compañeros geniales y también sufrido arpías de oficina. A partir de ahora se te tomará más en serio y nadie se atreverá a ofrecerte un sueldo de mierda por debajo de los 1.000€. La veteranía se paga.

7.- El amor. Delicadísimo tema. Mi consejo es que te quedan 10 años si quieres ser madre, así que sin prisa pero sin pausa. ¿Quieres aprender francés, hacer un máster y visitar Sulawesi? Hazlo, ya.
Tema novios, es como el trabajo. Ya has pasado por capullos, has picado piedra, te has humillado, te han tratado como una princesa, has vivido con un chico, te has peleado con tres… Empiezas a saber lo que quieres y lo mejor, lo mucho que vales y eso pone.


Postdata: si alguien te suelta eso de “los 30 son los nuevos 20” no hables más con esa persona. Los 30 son los 30. El momento si no lo has hecho ya, de tomar las riendas de tu vida y hacer de ella algo significativo para ti y los demás, es decir, vivirla a fondo.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Mini-manual de producción audiovisual.

O cómo triunfar en el show business catalán teniendo en cuenta 10 simples sugerencias.




Primera: Sé lo que quieras ser: si quieres ser productor ejecutivo, no hagas de runner, abre una empresa. Nadie va a ponerte en el sitio que sueñas ni va a ascenderte por tus méritos.

Segunda. Tu caché lo pones tú. Ídem que en punto 1: nadie va a pagarte más porque lo estás haciendo muy bien, te quedes hasta tarde o hayas cerrado un presupuesto por debajo.

Tercera. Nunca es cierto lo de "es que no hay más dinero". Nunca.

Quarta. No trabajes jamás gratis. Es anti de producción.

Quinta. Tu respuesta autómatica a todo es "sí" o "claro" o "por supuesto" o "esto suena genial, vamos a ello". Luego todo cae por su propio peso.

Sexta. Apúntate a un curso de protocolo zen, practica sexo antes de cada reunión o hazte actor/iz, pero, jamás te enfadarás, menos, con el director.

Séptima. Rodéate de los mejores o por lo menos, de los que tengan mejores recursos. Investiga, entrevistalos, piensa, y pon a la gente a prueba. Tener el mejor equipo es lo más importante, tómate el tiempo que haga falta aunque estés en algo que parezca que sea para ayer.

Octava. Tus figuras clave en rodaje: el jefe de producción y la ayudante de dirección.

Novena. Utiliza la información como te vaya mejor, recuerda que sólo tú tienes todos los puntos de vista.

Décima. Ahora que ya tienes el respeto gracias a la calma y buenhacer, piensa que el presupuesto es algo que nadie más conoce. Ése es tu poder.



*Todo este rollo vale la pena. Hacer cine o audiovisuales es un estilo de vida, no una profesión. Explicas algo que te inquieta y el hacerlo es muy artesanal y distinto. También es un tipo de vida gamberro, divertido, puedes ir vestido como te dé la gana, no hay horarios, no hay un sitio fijo, es emocionante, además conoces gente, viajas, te pasan cosas raras y queda genial decirlo en la barra de un bar.



viernes, 9 de diciembre de 2011

De bolsas, peluqueros, números y el puto síndrome pre-menstural.


He cambiado de peluquero. Ahora me pongo en las manos de Juan, que está especializado en pelo rizado. Juan es de aspecto curioso: pequeño y calvo por el centro de la cabeza y peinado con el pelo de un lado dejado crecer hacia el otro lado cubriéndosela. Se parece al típico chivato de rey malo de la Edad Media. O más exactamente, al Sr. Burns de los Simpson. Además de tener un don como estilista, el tipo es franco, humilde, majo y paciente. Me mola ir allí porque entienden de verdad la difícil relación que hay entre una mujer y sus ondas encrespadas.


El caso es que Juan está empeñado en no cortarme de largo e insiste para que lleve un melenón, pero en mi última visita, mientras él hacía de las suyas, yo miraba una revista del corazón donde salía lo del divorcio de Demi Moore (pobre, esto ya no lo levanta) y Penélope Cruz con un nuevo corte de pelo que según los periodistas “le sacaba 12 años de encima”. Ni más ni menos que doce. Pe posaba con el típico corte de flequillo larguito y melena un poco por encima de los hombros. Muy mona, y sí, la verdad es que la rejuvenecía.


- Juan, en un par de años, como ya seré un pelín mayor, querré que me cortes la melena, para parecer más joven.


- Vale. ¿Cuántos harás? ¿40?


Levanto la vista y flipo cuando veo su cara de total normalidad. Dios, lo pregunta convencido.


- Hombre, ¡cómo te pasas! ¿Me ves cara de 40?


- Bueno, quizás 40 no pero 30 tampoco tienes, ¿eh bonita?


Booooooom.


Crash.


Flasca!


Sinceridad sin alcohol mediante. Peor: la verdad a las 6 de la tarde.


Me miro al enorme espejo que tengo delante y veo una señora joven con una ojeras enormes. Vestida un pelín desarreglada. Y cara de susto, claro. Madre mía, pienso. Todos aquí lo saben: no tengo cara de 30.


Juan termina. Silencio total. Me levanto y voy al mostrador a pagar. No sé porqué pero pienso que quizás me harán una rebaja, por el digusto y eso. Pero no: “son 50 euritos” me dice la chica sonriente, con arrugas por toda la cara, vestida moderna y con pinta de excamarera ya madurita. Seguro que piensa que podemos ser amigas porque tenemos una edad parecida. Pago la cuenta y salgo de allí.


Ceno doble y me voy a dormir.


Por la mañana me miro en el espejo del baño. Tengo puntos negros, rojeces en la piel, arruguitas en los ojos y alguna marca en la frente, pero lo peor, con mucho, y es dónde se nota la edad en una mujer, son las bolsas y las ojeras. Es como si todo el malestar vital que puediese tener una persona se hubiese instalado en mi cara. Y como si no hubiera dormido en un mes.

Tengo unas bolsas enormes, negras e infladas fruto de la lotería genética y el sobrepeso, pero me digo a mí misma que estamos en el siglo XXI y que en el Corte Inglés es posible que me ayuden. Me visto y me voy directa.


Después de 1hora de investigación, aprendo que no soy la única con ese problemón y que debería estar usando unas cremas “preventivas” hace más de 4 años. También me enseñan que combinar en un mismo producto el tema de activar la circulación para relajar el ojo (y reducir así las bolsas) y combatir las arruguitas, no baja de los 180€. Deshecho pues el tarrito de crema Soluciones del Futuro SX y los parches Benéfiance con forma de pepino y puro retinol de Sisheido. Me cuesta aún más separarme de la perfección química hecha tratamiento de Sisley y cuando acepto que no van a rebajar el precio en enero de las cremas, me voy al stand de una conocida marca que no es de supermercado pero tampoco de yates.


- ¿En qué puedo ayudarte? Me pregunta la amable dependienta, señorita, vendedora, azafata o cómo narices se llamen en el Corte Inglés las mujeres que trabajan en esa sección.


Le suelto la verdad, a ver si se apiada.


- Hoy me he levantado y me he dado cuenta de repente de que tengo 34 años. Y que además se me notan en la cara. Llevo un susto en el cuerpo que no te imaginas.


Sonríe, me mira dulcemente, y por un momento creo que me va a abrazar.


- No sé qué ha pasado. Hace nada tenía 27 y ya no. Y me han salido estas terribles ojeras.


Me vende unas cremas de una línea con nombre científico y “activadoras de la juventud”. Me regala también un sérum que se ve que es la bomba y tiene un premio, algo así como el Oscar al anti-arrugas del año.


Salgo del Corte Inglés convencida en que voy a ser la mujer más aplicada sobre la faz de la tierra. Me pondré mis sérums cada 2 horas y recuperaré el tiempo perdido. Antes de que acabe el año, será imposible saber si tengo 31 o 31 y medio.


Al llegar a casa miro en internet remedios más plebeyos y naturales, por eso de complementar el tratamiento químico. Pone que aplicarse bolsitas de té frías o crema para las hemorroides son mano de santo. Tomo nota y de momento dejo todo el arsenal en el frigorífico.


Plinck-plinck.


Mensajito en el chat de facebook.


Uhm. Es mi nuevo amigo virtual de 23 años aspirante a escritor, algo deprimido porque está sin musa. Muy tierno él.


- Eh, chica, que me tienes abandonaíco. ¿Qué tal estás?


Ahora, mejor pequeño. Mi mente nos traslada a debajo de un edredón. Su cuerpo está tenso y sus besos son lentos y dulces. Me coge de la cintura y me acerca hacia él. Me gusta.


- Ya estoy de vuelta. ¿Qué haces el viernes? Quiero llevarte a cenar y a beber vino tinto. Tengo muchas cosas que contarte.


¿El viernes? Nada interesante. Igual que hoy, que ayer y que mañana.


- Bienvenido. Me encantará ir a cenar contigo y que me expliques cómo es el mundo ahí fuera.


Visualizo la piel de mis piernas, ahora tienen algún que otro agujero, las caderas son algo más redondas y siento a partes iguales un miedo y un deseo exarcebado. ¿Es posible querer a alguien 11 años mayor aunque por dentro tenga 27? ¿Es visible para los hombres que soy una treintañera desesperada? ¿Enrollarse conmigo es como probar un plato caro y raro, algo que sólo se hace una o dos veces en la vida?



Son las 7h de la mañana de un nuevo día y de mi nueva vida con sérum rejuvenecedor.


En vez de con hambre me levanto de la cama con la imperiosa necesidad de escuchar I got you babe.

A las 11h he escuchado 34 veces I got you, he leído el wikipedia de Cher, de Sonny y de Cher & Sonny y he escrito a Youtube para que pongan un botón de loop en sus visores. Luego he desayunado cangrejo picante a la plancha, un café con leche, un salmón ahumado y tengo en el horno unas alitas de pollo.


Tengo ganas de llorar y de que me abracen, pero no puedo llamar a nadie porque he pasado de todo el mundo 1 año entero. Me enrosco en la cama y veo non-stop 6 horas de series malas sólo interrumpidas para poner otra vez la canción. Juro en silencio que volveré a correr y no me esconderé en el sobrepeso. Justo caigo en que tengo las rodillas fatal y que me duelen un montón las lumbares.


Las 14.45h. Paso mi horizontalidad al sofá, que siempre da como más sensación de hogar y como que no haces tanto el vago. Está claro a estas alturas que por la ducha no voy a pasar pero quizás ir hasta el chino de enfrente sería bueno. Estirar las piernas. Notar el aire fresquito en la cara.


Bajo al chino. Sigo con un nudo en la garganta.


Ceno Crunch y Kinder Bueno a partes iguales. Mañana, seguro, dejaré de ser una looser; hoy soy víctima de las hormonas. Según el calendario del iphone faltan 3 días para la regla y este sinvivir parece un castigo de la naturaleza, diseñado para hacerte sentir culpable y mísera por no haber cumplido tu misión en la vida: reproducirte. Cada año que pasa es peor y más doloroso, y joder, está funcionando, hoy tengo ganas de quedarme embarazada de trillizos con tal de no sentir nunca más este vacío existencial.


34.


t-r-e-i-n-t-a-y-c-u-a-t-r-o.


Joder, no quiero imaginarme la regla a los 38. Me da que debe haber una tasa alta de suicidios en esa edad en mujeres solteras.


También tengo la teoría de que a las mujeres que no han sido madres, no están de novias y tampoco con la intención de ser madres tienen muchos más puntos de sufrir un cáncer mortal de pecho.


La gente de veintitantos se queja cuando cumplen años y pone cara de preocupación. “Ay Dios mío, me acerco a los 30”. Pero simplemente repiten lo que oyen, no tienen ni idea de por qué es tan fatídico acercarse a ese número. Nadie les ha contado que su degradación física está a punto de empezar y que el final de la misma se encuentra bajo el suelo. Sus años más bellos han pasado. El momento de posicionarse laboralmente, también. A ellas, su función en la tierra tiene los días contados y encima, su mejor momento, el cénit de su poder de atracción ya ha pasado. De repente, te levantas un día y tienes 34, una ojeras enormes, 6 kilos de más, un sueldo mediocre y la sensación de tener que poner una sonrisa forzada porque lo peor está aún por llegar.



Epílogo

Con mi juvenil amigo fuimos a tomar birras a un bar , hice de hermana mayor, de madre, de coach vital y a la cuarta cerveza, me fui a mi casa.



Canción para no salir nunca más de la cama:

I got you babe.