miércoles, 16 de febrero de 2011

Las braguitas del mes: domingueando




Me chiflan los domingos. Son mi día. Me gusta levantarme no muy pronto pero tampoco tarde, sobre las once. Leer algún artículo del magazine del País, retozar en la cama sola, beber zumo de naranja, luego cerveza si tengo partenaire, y comer algo pequeño y bueno. Y música! En el 2008-2009 los vecinos del piso verde pudieron disfrutar del "efecto Al Green" tanto, que creo que desgasté el disco.
Después de la lectura, vienen los besos, luego algo de comer y quizá, por la tarde, una sesión de cine; en casa, por supuesto.

Post “New Age”


Llevo días, que digo, semanas, pensando en terminar un post sobre lo jodido que está todo, que Barcelona da mucho asco, que aquí no hay futuro, sólo quizá si eres catalán de pura cepa, sino, te has de resignar a trabajos de mierda, de auxiliar, de “corre ve y dile” y en el poco rato libre que te quede, a soñar, no mucho, no muy alto, porque el hostión al despertar, duele. Se iba a titular “Get a life in Carcelona”. “Carcelona” por los sueldos que hay hoy en día, que son lo justo para que puedas comer carne 1 vez a la semana, birras tres, quizá algún taxi pero de ningún modo, emigrar.

El siguiente post mental iba sobre las anestesias del siglo XXI. Rayos catódicos en forma de ficción, telerealidad, radio-tertúlias, azúcar a todas horas, algo de vino, mucha cerveza, alguna gilipollez para leer, linchamiento de marcianos, redes sociales e Internet, mucha Internet. Total, para pasar el día.

No he escrito ninguno de los dos porque he estado pensando, durmiendo y comiendo chocolate en forma de Maltesers para desayunar, comer y cenar. Dos meses. Enteros.

Cuatro kilos, el haber recobrado la habilidad para dormir 12 horas seguidas y que la idea de ducharme me parezca equivalente a ir al gimnasio dispararon las alertas. Pensé “estoy deprimida”. Pero no me sentía triste, ni melancólica. Mis visitas a la una del mediodía a la biblioteca del barrio y la lectura del National Geographic con los viejecitos del lugar me sentaban bien, no mal, así, al menos, salía de casa. La situación era distinta: no estaba triste porque no “estaba”. Ni triste, ni contenta, ni nada. No sentía nada. Nada de nada. Pensé otra vez “bueno, mi cuerpo es sabio, déjemosle que haga lo que quiera”. Y nada, otra semana reduciendo la actividad física al nivel de una ameba.

Así que me fui a la psiquiatra, más que nada porque tenía visita de rutina para dejar la medicación y pensé (de nuevo) en aprovechar a comentárselo a ver qué opinaba ella.

Pues bien, resumiré la hora con 3 frases que me han cambiado la vida este mes:

La primera fue: VÁYASE A LA MIERDA.

La segunda: DEJE DE PENSAR Y VIVA DE UNA VEZ, COÑO.

Y la tercera: ESCOJA, Y SI SE EQUIVOCA, SE JODE, COMO TODO EL MUNDO. DEJE DE ESPERAR EL IDEAL. EL IDEAL NO EXISTE.

Así, de usted y con los tacos.

Me fui de allí pensando que no volvería y que qué maneras. Pero su discurso estaba ya bien inoculado en mi cerebro. Joder, tenía razón. Tanta queja, tanto amebismo, tanta anestesia intravenosa y en forma de post porque estaba muerta de miedo. Aterrorizada por vivir. Por la posibilidad que tenía de escoger una vida, la que quisiera. Pasar de todo era lo mismo que intentar controlarlo todo. Rechazar trabajos u hombres al tuntún a veces era idiota, era por agarrar un ideal imaginario e INEXISTENTE. Buf. Tenía que ecoger. Tengo que decidir. Y mover el culo. Otra vez desde el principio. Me siento como si tuviese que aprender a ir en bici ahora, con 33. De peque aprendes sin darte ni cuenta y ahora, con el arroz pasadísimo y haciendo el crío de nuevo. ¡Mierda!

Conclusión: Get a life, la que te de la gana, pero date cuenta que la estás escogiendo y que es la tuya. Si quieres pasártela en el sofá viendo ficción, guay. Quieres tener una familia, guay también. Ser cantante, bombero, astronauta, peluquera, analista o lo que te de la gana, fenomenal. Haz lo que quieras, pero sobretodo haz algo que te haga vibrar. Algo que te permita ser independiente económicamente. Algo AHORA. Coge lo que tengas y quiérelo, un amigo, un gato, una afición, una manía. Es tuyo, forma parte de tu vida.

Si duermes 12 horas y no sales de casa, te lo digo, yo lo he hecho, estás siendo infantil y aún peor: COBARDE.

sábado, 29 de enero de 2011

Stephen, The King


Desde que estoy en paro me da palo todo.

Porque vivo con alguien que sino, ni me ducharía.

Que nadie se lleve a engaño o sufra por mi: no, no estoy deprimida. Ni desesperada. Ni me aburro. Estoy como esas parejas modernas que no usan ningún método anti-conceptivo y dicen eso de: "si viene bien, pero tampoco lo buscamos". Pues eso. Si me llaman para un curro, guay, pero sino, yo no voy a estar enviando currículums a nadie.

Con la pereza pegada al cerebro casi se me olvida que hace un par de años me dio por emprender la carrera de escritora en ciernes. Me di de plazo 10 años para publicar y me propuse aprender y practicar al máximo. Entre mis asignaturas inventadas tengo el leer manuales de escritura creativa. Y después de más de dos docenas de ellos tengo el placer de presentar el mejor que he leído hasta la fecha:

“Mientras escribo” de Stephen King.

sí, sí, de Stephen-King.

Me da que si algún día publico, será como mucho en el Cosmopolitan. Ahora bien, fijo que me leen miles de lectoras encandiladas que ansiosas, comprarán el siguiente número en busca de más tonterías mías. Porque mis chorradas son 100% verdad. Como las del bueno de Stephen. Supongo que por eso me voy corriendo a leer Carrie y dudo que ni cobrando, me leyera el del último o penúltimo premio Nobel, que por cierto, ¿quién coño es?

El tipo se marca el manual más divertido, adictivo y práctico que ahora mismo existe. Sí, es cierto que los hay con más poética, como el de Ray Bradbury, o encaminados a desatascarte, como el de Julia Cameron, pero este es diferente, porque es útil.

La primera parte va sobre su vida. Una infancia dura y pobre de las de verdad y muchas ganas de hacer algo divertido marcan a un joven Stephen King empeñado en leer ciencia ficción chunga e imitarla. Viene a decir que es vital la práctica y pasártelo bien. Y que oye, para gustos, colores.

La segunda parte la dedica a dar consejos con nombre y apellidos, tan buenos como que por favor, escribas tal como eres tú, con tus palabras, que no te enrolles, que dejes la parte de imaginación que corresponde al lector intacta, es de él no tuya, que no uses adverbios acabados en mente, ni la voz pasiva, que no te drogues y que dejes descansar la primera versión mínimo 6 semanas en un cajón. Para el éxito total da una fórmula: 2ª versión= 1ªversión - 10%.

Da otros consejos que son obvios si ya escribes, pero por si las moscas te los apunto: ten un sitio para escribir sin interrupciones, márcate una rutina de x horas al día y que pases olímpicamente de los cursillos de escritura creativa, que son un pasto de bloqueo creativo.

En la tercera y última parte, explica el accidente que tuvo en 1999. Un desgraciado de la yanquilandia profunda lo atropelló y le rompió la pierna por nueve sitios. La cadera. Cuatro costillas y la rótula de la otra pierna. Casi no lo cuenta. Y es que esto es la vida, y no un ensayo general como decía Wilde. Estás tan ahí en la narración que yo, casi lloro.

Su libro me ha gustado por lo útil pero sobretodo por el retrato que hace de él mismo. Llano y sincero. Transparente. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Tan cercano resulta que dan ganas de llamarlo al acabar el libro y quedar con él para hacer unas birras.

Así que muchas gracias Stephen King. Por dejarme meter en tu vida y hacerme pasar un día estupendo. Gracias también por compartir lo que sabes y explicármelo de un modo tan ameno. Te deseo lo mejor y lo dicho, te debo unas copas.



Otros libros manuales que molan (pero no tanto como este):

Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

El camino del artista, de Julia Cameron

Por cierto, el "Mientras Escribo" está descatalogado, pero se puede conseguir vía iberlibro.com de Argentina a un precio muy razonable.