Éste va a ser un post muy poco documentado. Voy a fiarme de la intuición, que ya hacía que cuando no sabía inglés me gustaran las mismas canciones que después de entender las letras, para hablar de los afrodisíacos.
Siempre me ha hecho mucha gracia lo de “las ostras son afrodisíacas”.
A ver, si llevas a una mujer de 28 años, 1,65cm y 56kg (medidas estándar en Barcelona porque lo digo yo) a comer una docena de ostras con vino blanco o cava, obviamente tienes muchos puntos de acabar con ella en la cama. Pero no por el poder que se le atribuyen a las ostras, si no por la borrachera que va a coger bebiendo tres copas de vino con sólo eso en el estómago como alimento sólido. Es el vino lo que nos deshinibe. Mi teoría es aplicable a cualquier marisco crudo, y al caviar.
Otro tema es por qué nos gustan tanto los moluscos a las mujeres. Si los miras bien, almejas, ostras o mejillones, tienen un aspecto viscoso tirando a vaginal. Aparte de sus cualidades proteícas y que no engordan, yo me pregunto si no es una tendencia lésbica consumada a través de la comida. No lo sé la verdad, pero ahí queda.
Hay otros alimentos que se denominan afrodisíacos, como el chocolate, pero para mí, tienen un efecto distinto. Más onanista. Un vaso de cacaolat frío equivale al más dulce y largo beso del que te acuerdes, y no lleva a llamar al vecino para tirarse encima de él, no, lleva a beberse un segundo vaso de dicho néctar amoroso.
El foie carísimo de la Boqueria es para mi una caricia larga y sostenida en el cuello.
El aguacate en su punto me deja desnuda.
La vainilla me pone en el mismo estado que un día de julio a 32 grados. Sudorosa.
Las frambuesas son besos en las nalgas.
Y los espárragos…mmmh…me encantan. Entran totalmente dentro de mi teoría de que en realidad te estás comiendo algo fálico. De hecho, no sabría describir el sabor de un espárrago, pero sí la sensación de comérmelo.
Saliendo del mundo de la cocina, también resulta muy excitante ver a un hombre joven con un bebé en brazos (y sin su madre cerca); ídem con un perro. Hombre con micro, guitarra o haciendo algo creativo y sensible, irresistible también.
En conclusión, esto es física simple: la mujer recibe, el hombre da. Si un hombre se come un entrecot de 500gr tiene que salir de algún modo esa energía. Si una mujer se come lo mismo, ya no le cabe nada más. Si no sale, no entra. Menos comida y más vino= a mujer más excitada y recordar que lo afrodisíaco lo llevamos de serie. Sólo hay que saber a qué reacciona cada mujer.
Para mí, no hay nada tan sexy como el sentido del humor. Y el buen vino.
Siempre me ha hecho mucha gracia lo de “las ostras son afrodisíacas”.
A ver, si llevas a una mujer de 28 años, 1,65cm y 56kg (medidas estándar en Barcelona porque lo digo yo) a comer una docena de ostras con vino blanco o cava, obviamente tienes muchos puntos de acabar con ella en la cama. Pero no por el poder que se le atribuyen a las ostras, si no por la borrachera que va a coger bebiendo tres copas de vino con sólo eso en el estómago como alimento sólido. Es el vino lo que nos deshinibe. Mi teoría es aplicable a cualquier marisco crudo, y al caviar.
Otro tema es por qué nos gustan tanto los moluscos a las mujeres. Si los miras bien, almejas, ostras o mejillones, tienen un aspecto viscoso tirando a vaginal. Aparte de sus cualidades proteícas y que no engordan, yo me pregunto si no es una tendencia lésbica consumada a través de la comida. No lo sé la verdad, pero ahí queda.
Hay otros alimentos que se denominan afrodisíacos, como el chocolate, pero para mí, tienen un efecto distinto. Más onanista. Un vaso de cacaolat frío equivale al más dulce y largo beso del que te acuerdes, y no lleva a llamar al vecino para tirarse encima de él, no, lleva a beberse un segundo vaso de dicho néctar amoroso.
El foie carísimo de la Boqueria es para mi una caricia larga y sostenida en el cuello.
El aguacate en su punto me deja desnuda.
La vainilla me pone en el mismo estado que un día de julio a 32 grados. Sudorosa.
Las frambuesas son besos en las nalgas.
Y los espárragos…mmmh…me encantan. Entran totalmente dentro de mi teoría de que en realidad te estás comiendo algo fálico. De hecho, no sabría describir el sabor de un espárrago, pero sí la sensación de comérmelo.
Saliendo del mundo de la cocina, también resulta muy excitante ver a un hombre joven con un bebé en brazos (y sin su madre cerca); ídem con un perro. Hombre con micro, guitarra o haciendo algo creativo y sensible, irresistible también.
En conclusión, esto es física simple: la mujer recibe, el hombre da. Si un hombre se come un entrecot de 500gr tiene que salir de algún modo esa energía. Si una mujer se come lo mismo, ya no le cabe nada más. Si no sale, no entra. Menos comida y más vino= a mujer más excitada y recordar que lo afrodisíaco lo llevamos de serie. Sólo hay que saber a qué reacciona cada mujer.
Para mí, no hay nada tan sexy como el sentido del humor. Y el buen vino.

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